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Calzado sanitario: qué es, características y cómo elegir el adecuado

El calzado sanitario es una de las piezas más importantes del equipamiento de cualquier profesional de la salud, aunque también se ha extendido a otros sectores como la hostelería, la limpieza o la estética. Elegir bien no es solo una cuestión de comodidad: influye directamente en la seguridad, la higiene y la salud de quien lo usa durante toda la jornada.

En esta guía te contamos qué es exactamente el calzado sanitario, qué normativa debe cumplir, qué características debes valorar y cómo elegir el más adecuado según tu profesión.

¿Qué es el calzado sanitario?

El calzado sanitario es el calzado diseñado y fabricado específicamente para usarse en entornos sanitarios, como hospitales, clínicas o centros de salud. Sus principales cualidades —confort, higiene y seguridad— han hecho que cada vez más sectores lo adopten: hostelería, limpieza, estética o cualquier actividad en la que se trabaje muchas horas de pie.

Dentro de esta categoría se incluyen zapatos, zapatillas y zuecos de uso sanitario —estos últimos son el formato más habitual en hospitales por lo fácil que resulta ponerlos y quitarlos—. Todos comparten las mismas exigencias: deben ser antideslizantes, fáciles de limpiar y desinfectar, y capaces de proteger el pie frente a líquidos y golpes leves durante toda la jornada.

¿En qué se diferencia del calzado convencional?

A simple vista, un zapato sanitario puede parecerse a cualquier otro zapato cómodo, pero hay varias diferencias clave:

  • Está fabricado con materiales impermeables o de fácil desinfección, algo que el calzado convencional no siempre ofrece.
  • Incorpora una suela antideslizante certificada, pensada para suelos que pueden mojarse o mancharse con frecuencia.
  • Cumple una normativa específica de equipos de protección individual (EPI), mientras que el calzado convencional no está sujeto a esta regulación.
  • Está diseñado para aguantar turnos largos sin perder comodidad ni forma, con materiales más resistentes al uso intensivo.

Características que debe tener un buen calzado sanitario

Más allá de la estética, hay una serie de características que marcan la diferencia entre un calzado sanitario de calidad y uno que no lo es:

  • Comodidad y ergonomía: soporte adicional al pie que reduce la fatiga y previene molestias musculares en jornadas largas.
  • Prevención de lesiones: una estructura y una suela que amortigüen los impactos y ayuden a prevenir dolores en pies, piernas y espalda.
  • Seguridad antideslizante: una suela que minimice el riesgo de resbalones y caídas, especialmente en suelos húmedos.
  • Higiene y facilidad de limpieza: materiales que se puedan limpiar y desinfectar sin perder sus propiedades, algo clave en sanidad y alimentación.
  • Durabilidad: materiales resistentes al desgaste y al uso continuado, para que el calzado no pierda sus propiedades antes de tiempo.
  • Ligereza y transpirabilidad: reducen el cansancio y evitan la acumulación de humedad en jornadas de muchas horas.
  • Ajuste personalizado: sistemas de sujeción y plantillas extraíbles que se adaptan a distintos tipos de pie.

Normativa y homologación del calzado sanitario

Elegir un calzado sanitario homologado no es un capricho: es lo que garantiza que ese calzado protege realmente frente a los riesgos propios de un entorno sanitario. La homologación certifica la protección ante riesgos específicos, asegura el cumplimiento de la regulación laboral vigente y es, además, un requisito habitual en las licitaciones y compras de hospitales y clínicas.

En la Unión Europea, el calzado sanitario se considera un equipo de protección individual (EPI) y debe cumplir el Reglamento (UE) 2016/425. A nivel técnico, la norma de referencia es la UNE-EN ISO 20347:2022, que regula el calzado de trabajo no expuesto a riesgos mecánicos directos como impactos o aplastamiento en la puntera.

Antes de elegir, comprueba que el fabricante pueda acreditar estos certificados: es la única forma de garantizar que el calzado cumple realmente lo que promete.

¿Cómo elegir el calzado sanitario según tu profesión?

No todas las profesiones sanitarias tienen las mismas exigencias, así que conviene tenerlo en cuenta a la hora de elegir:

  • Enfermería y auxiliares: turnos largos de pie, por lo que la amortiguación y la ligereza son prioritarias.
  • Cirugía y quirófano: se prioriza un calzado cerrado, fácil de desinfectar y compatible con los protocolos de asepsia.
  • Fisioterapia y veterinaria: mucho movimiento y cambios de postura, por lo que la flexibilidad es clave.
  • Farmacia y atención al público: combinan estar de pie con atender público, así que el confort y una imagen cuidada son igual de importantes.
  • Hostelería y limpieza: superficies con grasa o humedad constante, donde el agarre antideslizante es imprescindible.

Cuidado y mantenimiento del calzado sanitario

  • Límpialo con regularidad según las indicaciones del fabricante, evitando productos abrasivos que puedan dañar el material.
  • Deja que se seque de forma natural, lejos de fuentes de calor directo, para no deformar la suela ni el corte.
  • Revisa periódicamente el estado de la suela: si pierde agarre o amortiguación, es momento de renovarlo.
  • Como orientación general, se recomienda cambiar el calzado sanitario cada 8-12 meses de uso continuado, o antes si se usa a diario en turnos largos.

Preguntas frecuentes sobre el calzado sanitario

En la mayoría de centros sanitarios y en muchas licitaciones públicas, sí: el calzado debe cumplir la normativa de EPI vigente (Reglamento UE 2016/425) y acreditar la certificación correspondiente. Aunque no siempre es una obligación legal para todo el personal, sí es la recomendación de los servicios de prevención de riesgos laborales.

El calzado sanitario está pensado para proteger e higienizar el entorno de trabajo (suela antideslizante, materiales desinfectables, normativa EPI). El calzado ortopédico, en cambio, se diseña para corregir o compensar una condición concreta del pie y suele requerir prescripción o adaptación individual.

Como orientación general, cada 8-12 meses de uso continuado, o antes si notas que la suela pierde agarre, la amortiguación se ha reducido o el material ya no se puede desinfectar correctamente.

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